I CARRERA VERDE DIGITAL POR RELEVOS
Vengo corriendo, como una acelga veloz, desde casa de Marigüary que me da el relevo en esta I Carrera Verde que organiza Luisa Hurtado en su blog Microrrelatos al por mayor.
Yo estoy en el equipo Los Acelgas y estos son mis compañeros y sus blogs (pincha en el nombre de los blogs para visitarlos):
Los Acelgas:
Sandra Montelpare (escritora), Ficcionario breve
Cabopá (escritora), Ay maricarmen
El Moli (escritor), Los delirios del Moli
Gema Luz (ilustradora), Marigüary
Nieves (escritora), Debajo de mi sombrero
Sandra Montelpare (escritora), Ficcionario breve
Gema Luz ha colgado en su blog Marigüary esta preciosa ilustración:
Puedes verla aquí en su blog: Ilustración de Marigüary
Tomo su relevo y ésta es mi aportación a la I CARRERA VERDE DIGITAL POR RELEVOS:
OTRA VIDA
La imagen aún hoy sigue allí, sobre una vieja pared desconchada, con sus peces muertos bañados por las lágrimas de la madre, pero también con sus banderas verdes. Allí sigue a pesar de los años que han pasado y de que los más pequeños del pueblo no llegaron a conocer la contaminación de aquel entorno.
Después de años de luchas y denuncias, Nacho y el resto del pueblo consiguieron detener los vertidos y aunque ya era tarde para recuperar el río y los campos que lo rodeaban, aún había tiempo para volver a empezar.
Los mayores aún recordaban cómo era la vida antes de bajar desde los pueblos de la montaña al valle en
busca del progreso. No tenían muchas comodidades, pero sí una vida llena de
cosas pequeñas y muy saludable. Cuando uno necesitaba hacer un camino
o techar una cuadra, podía contar con la ayuda de los vecinos; si enfermabas,
tenías quién te echara una mano con el ganado o las cosechas y no se tiraba
nada: si te sobraban manzanas o fréjoles, los compartías con quien no tenía. La
vida seguía un curso lógico y se desarrollaba siguiendo el ritmo que marcaba la
naturaleza. Apenas habían modificado su entorno en siglos.
Cuando decidieron abandonar
el valle y volver a empezar en los pueblos vacíos de la montaña, los jóvenes apenas sabían
hacer nada, cada uno estaba especializado en una pequeña parcela de la vida y
era incapaz de sobrevivir por sus medios. Aprendieron entonces que la vida es
mucho más fácil trabajando en equipo y también que los mayores son una fuente
de sabiduría ancestral en la que apoyarse y de la que aprender.
A veces todavía
bajan a los más pequeños a ver la imagen de la vieja pared y las ruinas de lo que un día fue una vida insostenible para que nunca lo olviden.
bajan a los más pequeños a ver la imagen de la vieja pared y las ruinas de lo que un día fue una vida insostenible para que nunca lo olviden.
Le paso el testigo a Sandra Montelpare, que pondrá el punto final a la carrera de las acelgas en su blog Ficcionario breve


