lunes, 7 de enero de 2013

Un Hermano Como Tú. Cuento en familia

Este cuento para mis hijos es una de las primeras cosas que escribí hace algo más de dos años, después de unos 25 años sin escribir una línea. Se me ocurrió porque Sara tuvo una temporada en la que, a veces, se preguntaba por qué le había tocado un hermano tan "inquieto" como el suyo y le daban cierta envidia algunas de sus amigas que son hijas únicas. Se olvidaba de que son muchísimas más las veces que lo pasan genial juntos jugando, bailando, haciendo teatro, experimentos, ... y que la hace reír a carcajadas muchas veces (aunque también es verdad que la enfada a menudo, pero eso son gajes del oficio de ser hermanos).
Con mi texto y las ilustraciones de los protagonistas hicimos un libro. Ésta es la cubierta:



UN HERMANO COMO TÚ



En el País de las Nieves, donde siempre hace frío, vive una niña de 7 años, pelo rubio y grandes ojos azules. Su nombre es Sara. Como cada día allí, hoy empieza a amanecer y la nieve cae ya silenciosa sobre el valle. Sara se pone una bufanda a rayas y mira a su alrededor sin saber qué hacer. Se aburre. Si pudiera pedir un deseo, pediría alguien de su edad con quien jugar, alguien como Alberto.



Muy lejos de allí, en el País del Sol, donde siempre hace calor, vive un niño de 7 años, pelo castaño y preciosos ojos verdes. Su nombre es Alberto. Como cada día allí, hoy empieza a amanecer y el sol asoma ya por el horizonte. Alberto se pone una camiseta a rayas y mira a su alrededor sin saber qué hacer. Se aburre. Si pudiera pedir un deseo, pediría alguien de su edad con quien jugar, alguien como Sara.




Aunque no lo recuerdan, ya se conocen. Es una historia un poco extraña, pero creo que sucedió de verdad.


Una noche Sara soñó que tenía un hermano como Alberto y esa mañana, cuando abrió los ojos, él todavía estaba allí. Sara se acercó a él y lo llamó susurrando. El también había soñado con Sara, por eso no se sorprendió al verla junto a su cama. Bajaron la escalera sin hacer ruido y miraron por la ventana, ninguno reconocía aquel paisaje, pero les gustó porque todo era muy verde y no hacía ni frío ni calor. Al otro lado de la ventana había un jardín con flores y árboles llenos de pájaros y al final del prado había algo que parecía una casita en miniatura con el tejado rojo y las paredes pintadas como un cuento.


-¿Qué es eso? -preguntaron los dos a la vez y les dio la risa. No habían terminado de reírse cuando vieron algo salir de la casita. Salió de un salto y empezó a picotear el suelo, enseguida salió otra, y luego otra y otra más. 

-¡Gallinas! Volvieron a decir a la vez y rieron a carcajadas.    

(ilustración de Alberto Micó Torres)

Los escalones de madera anunciaron que alguien bajaba y Sara y Alberto se miraron un poco asustados, -¿Quién será?- pensaron a la vez. 


-¡Madrugadores! ¿Qué hacéis levantados tan temprano? –dijo mamá sin poder evitar un bostezo. 

-Fue Sara- dijo Alberto, por si acaso. 
-Fue Alberto- dijo Sara, por si acaso. 

Pero mamá sonrió, les dio un beso de buenos días y los dos respiraron aliviados. 

Desayunaron pan hecho por mamá, zumo de naranja, leche y mermelada de ciruela. Ya casi habían terminado cuando papá entró por la puerta del jardín, traía huevos de las gallinas, una cesta con ciruelas maduras y un beso para cada uno. 

-¡Buenos días! Acaban de llamar los padrinos, vendrán dentro de un rato con Mateo para pasar el día en la playa con nosotros-dijo.

-¡Bien! ¡Bravo! - Alberto y Sara aplaudieron contentos, aunque no sabían muy bien quiénes eran los padrinos, ni Mateo, ni dónde estaba la playa.



La playa estaba muy cerca de la casa y había otros niños y niñas, que parecían sus amigos. Los padrinos llegaron un poco más tarde con el primo Mateo y todos juntos jugaron a construir carreteras en la arena, a seguir huellas, hicieron carreras, brincaron de roca en roca, buscaron peces en los charcos y saltaron olas con papá y mamá hasta la hora de comer.

(ilustración de Sara Micó Torres)


A la vuelta, rendidos en el asiento de atrás del coche, se miraron contentos y Sara dijo muy bajito: -Me gustaría tener un hermano como tú y Alberto dijo:-Y a mí una hermana como tú. A lo mejor si lo deseamos los dos esta Navidad...

16 comentarios:

  1. Estoy seguro de que este cuento les hizo recapacitar, Nieves, y que comenzaron a verse de otra manera. Es un cuento de lo más instructivo, a la vez que fantasioso. Me gustó mucho.

    Otro, por buena cuentista.

    PD. Es verdad que tenéis gallinas en el jardín?

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    1. Tuvimos cuatro gallinas, una de cada uno, que eran mitad mascotas-mitad ponedoras, en un gallinero precioso que hicimos con palés y que nos decoró mi prima Marga. Todos los detalles son de verdad: mis panes, el ciruelo, la playa de Aguilar, para que lo recuerden cuando sean mayores.
      Un abrazo, Miguel Ángel, gracias por tu visita.

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  2. Pasarán los años, Nieves, y -estoy seguro- ellos les contarán a sus hijos y a sus nietos que este fue el mejor regalo -más allá de la propia vida- que les hiciste.

    Yo también tengo dos -tres si contamos a la niña de mi pareja- y somos -mi esposa y yo- hijos únicos. Cuando pelean, protestan y vienen hacia nosotros, no dejamos de recordarles la dicha que tienen. ¡Cuánto me gustaría tener un hermano o una hermana, aunque sólo fuese uno!

    Un abrazo,

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    1. La verdad es que les gustó mucho el cuento a los dos. A los hermanos de pequeño los disfrutas sin darte cuenta, pero de mayores se siente de verdad lo que valen, al menos en mi caso.
      Un abrazo

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  3. Precioso cuento Nieves. Me has recordado la infancia de mis hijos. También les contaba cuentos de este tipo, ellos también se peleaban, pero al final no pasaban el uno sin el otro y hoy tienen una relación muy bonita.
    Besicos muchos.

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    1. Gracias, Nani, yo espero que de mayores estén tan unidos como los tuyos. Siempre les inculcamos que forman parte de un equipo y que en su vida no van a tener un apoyo igual de incondicional en nadie.
      Un abrazo

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  4. Nieves, una bonita lección de cariño, hermandad o fraternidad. Yo tengo cuatro hermanos, y es una suerte. Pertenecer a una familia numerosa te abre la mente y el corazón (primero por necesidad, después, de mayor, por devoción). Pero para que esto suceda es importantísimo el papel de los padres. Como el que tu realizas con este precioso cuento. Tus hijos no lo olvidarán.
    Un beso grande para ti, mamá Nieves.

    Amparo M.A.

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    1. Gracias, Amparo. Yo tengo una hermana gemela y un hermano que nos lleva un año, así que somos casi trillizos y me parece una suerte tenerlos. Su padre y yo tenemos muy buena relación con nuestros hermanos y creo que eso les va quedando sin darse cuenta, más que cualquier cosa que les podamos decir.
      Un abrazo y enhorabuena por esa gran familia.

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  5. Un cuento muy bonito, felicidades Nieves.

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    1. Me alegro de que te haya gustado, aunque no sé quien eres.
      Un abrazo

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  6. Muy bonito, Nieves. ¡Qué suerte tienen Sara y Alberto de que les cuenten cuentos tan preciosos!

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    1. Gracias, Miguel. Sabes que nuestro gallinero está inspirado en el tuyo. A ti no se te da nada mal contar historias, aunque sean ajenas, me encantó la película que hiciste sobre el cuento del repoblador de árboles.
      Un abrazo

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  7. ¡Qué bonito! Un cuento con protagonistas de carne y hueso. Los hijos son siempre fuente de inspiración. Un bello recuerdo que seguro no olvidarán jamás.

    También has tardado mucho tiempo en volver a la escritura, en mi caso fueron veintitrés años, lo dejé a los veintiuno. Tengo cuarenta y seis. Mi hija me animó a escribir de nuevo.

    Tu vuelta al mundo de las letras ha valido la pena.

    Un fuerte abrazo.

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  8. Precioso cuento, enhorabuena por encontrar tan bella forma de enseñar a tus peques la suerte que tienen de tenerse mutuamente. Con tu permiso se lo cuento a los míos a ver si tengo suerte y dejan de pelearse todo el día.
    Nosotros en vez de gallinas tenemos un perro negro bastante grandote.
    Un saludo en positivo
    Virginia
    www.compartepositivo.blogspot.com

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  9. Un cuento precioso.
    Yo no tengo hermanos y, muy pocas veces los he echado de menos. Pero, también pienso que, si lo hubiera tenido, seguramente estaría encantada.

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