El
año pasado, mi amiga Carmen quiso introducir un trocito de literatura entre los
fogones y convocó un concurso de microrrelatos en su grupo de cocina en
Facebook. Nos puso dos reglas: un máximo de 150 palabras y la frase obligatoria de
inicio Ya te he dicho que odio las lentejas.
En
el mío había amor del bueno y se lo dedico a ella, a Andrés y a Claudia, que ya
ha nacido y será, seguro, buena cocinera y buena lectora. En el de Carmen
había amor del malo, de ese que se llama amor, pero en realidad no lo es.
CLAUDIA Y LAS LENTEJAS
—Ya te he dicho que
odio las lentejas y a él le gustan…
—Mira, Claudia, Willy ya tiene su comida. Las lentejas son
para ti, tienes que comerlas para crecer fuerte y sana.
—Papá, son asquerosas, además lo de que son ricas en hierro
es un mito. ¡Yo quiero macarrones con chorizo! ¡Maaaaaamááááá!
Andrés miraba desesperado el plato de lentejas cuando notó
que algo le presionaba el hombro.
—¡Andrés! No me dejas dormir ¿Qué te pasa? No paras de dar
vueltas.
Él miró a su alrededor y, al instalarse de nuevo en la
realidad, sintió cómo se relajaba cada músculo de su cuerpo.
—Sólo era un sueño— dijo mientras se acomodaba entre las
sábanas. Entonces apoyó suavemente su mano en la barriga más que prominente de
Carmen y, acompasando su respiración con la de ella, se dejó llevar otra vez
por el sueño.
Nieves T.
Dibujo de Alberto Micó Torres
“Ya te dije que odio
las lentejas”, y dando un portazo se fue con su cerveza a ver el partido.
No, a ella no, no te lo voy a permitir, pensé mientras la miraba intentando
disimular el terror escalofriante que acaba de recorrer todo mi cuerpo. Habían
sido demasiadas noches de llanto y urgencias, demasiados días de silencio y
rutina desesperante, infinitos momentos de perdón y olvido. No había recorrido
aquel largo camino hacia la tranquilidad que nos merecíamos para que de una
bofetada le arrebataran la sonrisa a lo único bueno que él me había dado. Ella
se acordaba perfectamente de aquella expresión en mi rostro, y con una sonrisa
inocente y dulce intentó tranquilizarme: “no te preocupes, mami, sólo está
nervioso por la boda”.
Carmen Menéndez

Dibujo de Sara Micó Torres
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