sábado, 25 de agosto de 2012

Recelo


Una fecha que no quiere olvidar decora su antebrazo, un reptil multicolor trepa desde el tobillo hasta casi la rodilla y un poema en latín, en negras letras góticas, se desenrosca desde su hombro hasta el codo. Tiene tres largas rastas y una agradable sonrisa. Le habla a la niña en un tono dulce y pausado, pero la abuela no mira sus labios ni escucha sus palabras. Desconcertada, se resiste a soltar la pequeña mano, aunque la niña forcejea sin entender por qué no la deja irse ya con su profesora.

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Ilustración de Pablo Torres Alonso de la Torre

sábado, 21 de julio de 2012

Amor con H


Según me contó mi abuelo, hace ya muchos años en un pequeño pueblo al otro lado del mundo nacieron dos niñas tan parecidas, que sólo sus padres las podían distinguir. Como era costumbre en la región, les pusieron nombres casi idénticos. Mi abuelo cuenta que se enamoró de una de ellas, de Elena. Ella también le amaba, pero estaba prometida, casi desde niña, a un hombre rico. Se resignó entonces a casarse con Helena.

Cuenta mi abuela que en la noche de bodas se quitó despacito el camisón y muy deprisa la H. Desde entonces sólo la usa fuera de casa.

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Ilustración de Inma Alonso de la Torre

lunes, 16 de julio de 2012

Pesadilla en negro

Esta es mi pequeña aportación al blog MICRORRELATOS NEGRO CARBÓN
http://microrrelatonegrocarbon.blogspot.com.es/


PESADILLA EN NEGRO

De niño tenía siempre la misma pesadilla: caminaba por una calle con su familia y cuando soltaba la mano de su madre, se caía en un agujero negro y desaparecía. El saber de antemano lo que iba a suceder y que nadie se diera cuenta, le angustiaba tanto como caer en el agujero.
             
De mayor cogió unas botas, el futuro de sus hijos, un chaleco amarillo, la hipoteca, una cantimplora, sus derechos laborales, algo de ropa y su dignidad; se lo cargó todo a la espalda en una mochila y se echó a la carretera con sus compañeros presintiendo, como entonces, que si la soltaba, el agujero negro que intuía bajo sus pies se lo tragaría.

Ilustración de Toñi Vilar

lunes, 25 de junio de 2012

Micros para concursos

El mes pasado envié microrrelatos a dos concursos: uno de la editorial Pearson en Facebook y el otro de Cercanías de Renfe. Esto de los concursos, para mí, tiene una aspecto negativo porque siempre lo mando apurada por el plazo y va como esté, aunque no lo vea redondo; pero tiene también una parte positiva y es que me obliga a  pensar en una historia o a sentarme y plasmar alguna que tengo ya debajo del sombrero y  eso me permite tener un pequeño banco de micros a medias que más adelante podré pulir y redondear.

Este es el que presenté a Renfe, de tema relacionado con el tren y menos de 99 palabras.

En este enlace están los tres ganadores y los veintidós finalistas. El mío quedó el cuarto de los finalistas.


Título : Compartimentos estancos

Autora: Nieves Torres Alonso
Un joven rubio la despidió en el andén con un largo beso apasionado. Ella subió al vagón, se acomodó en el asiento y sacó un libro. Él se fue haciendo pequeño mientras el tren se alejaba. Varias horas después cerró el libro, se ahuecó la melena con los dedos y bajó al andén donde la esperaba un joven moreno que la recibió con un largo beso apasionado.




El concurso de la editorial Pearson consistía en terminar un cuento en un máximo de 500 caracteres, incluyendo espacios, a partir de este inicio: 


“Esa mañana me había levantado pronto, quería aprovechar el tiempo. Abrí el libro por una página al azar y...”


Había premio para los 50 mejores, pero no hubo suerte. Esto es lo que me salió:


Esa mañana me había levantado pronto, quería aprovechar el tiempo. Abrí el libro por una página al azar y leí “Al día siguiente, …” Lo interpreté como una señal de que debía aplazar cualquier actividad al menos 24 horas. Más relajada, con una taza humeante en una mano y el libro en la otra, me acomodé en el sofá bajo mi manta favorita, dispuesta a disfrutar de ese paréntesis que el azar me había regalado.


jueves, 21 de junio de 2012

Levantamiento de cadáver


 —El señor marqués se viene conmigo— escupió la marquesa, con su maldad rancia y estéril, al pasar por delante de nuestra familia. Nuestra abuela no acusó el golpe; no le cabía ya más dolor. La abuela le había ganado esa batalla a la marquesa muchos años atrás, cuando el abuelo dejó de visitarnos a escondidas y apenas volvió ya a la casa principal.

 Todos sospechábamos que la marquesa querría llevarse al abuelo, pero no la esperábamos en persona. Ninguno levantó la vista del suelo ni cuando mi hermano, al ver cómo la viuda ordenaba que se llevaran el féretro, anunció con la voz rota que el diablo en persona había venido a cobrarse el alma.

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Cuadro de Ignacio Alonso de la Torre

miércoles, 13 de junio de 2012

Las trampas del tiempo


El reloj marca las cinco y media, es demasiado tarde ya.

—Ya no vendrá— digo y no puedo evitar un suspiro que me deja un sabor amargo a punto final.

Mis ojos recorren el parque por última vez. Hoy haría 50 años, pero no hay aniversarios para lo que no llegó a suceder. Mientras me ayuda a levantarme, mi nieta me señala interrogante a un señor sentado un poco más allá.

— ¡Nena, por Dios! Era alto, guapísimo y tieso como una vara— la regaño al ver a ese pobre anciano calvo y encorvado. 


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Ilustración de Marga Alonso de la Torre/Nieves Torres

martes, 5 de junio de 2012

Instintos


Oigo un suave silbido muy cerca. Vuelvo la cabeza lentamente y ahí está. Clava sus ojos en los míos y me escupe su lengua bífida, el cuerpo largo y viscoso se desliza sin prisa, sinuosamente, hasta quedar plegado como un resorte junto a la cabeza. De pronto, ¡zas!, abre sus fauces de par en par y se lanza hacia mí como un látigo. Un espasmo sacude mi cuerpo y me lanzo de un salto al agujero. Aún tiemblo hecho un ovillo, con la cola rozando mis bigotes, al fondo de la galería.

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Ilustración de Marga Alonso de la Torre/Nieves Torres

martes, 29 de mayo de 2012

Pasen y vean


Hizo sentar a los leones, deslizó el pasador de la jaula y entró notando cada latido de su corazón en la sien. Las fieras olfatearon el aire y se revolvieron nerviosas.

Minutos antes había vuelto a interrogar a Diana sobre los rumores que circulaban por el circo. Ella, como buena equilibrista, se había mantenido en su posición. 

Decidió terminar el número antes de lo previsto; a las fieras les costaba obedecer. Al salir, con un pie todavía en la jaula, captó la mirada cómplice entre Diana y el trapecista. Paralizado por la ira, apenas fue consciente de lo que se le venía encima.



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ilustración Marga Alonso de la Torre/ Nieves Torres

martes, 22 de mayo de 2012

Dos relatos de un tiro


Dos microrrelatos del año pasado para el concurso Relatos en Cadena de Hoy por Hoy en la Cadena SER. La frase de inicio (en negrita) es obligatoria y no pueden sobrepasar las 100 palabras.

Riesgo controlado

Todo el mundo sabía que era una mujer bala: veloz, certera y al mismo tiempo  incapaz de controlar su trayectoria. Había atravesado algunos corazones, dejándolos malheridos, por eso hacía tiempo que nadie se cruzaba en su camino. Cuando yo la conocí ya había perdido velocidad; su propia inercia y la resistencia del medio se habían encargado de aminorarla. La vi venir. Cuando la tuve cerca, corregí levemente la posición y le expuse mi corazón. No hubo orificio de salida.


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ilustración Marga Alonso de la Torre/ Nieves Torres

 Falsa apariencia

La bala, en la sien, hizo pensar al detective en un suicidio convencional. Su penosa  actuación en los últimos torneos, sumada al turbio final de su relación con una nórdica de apellido imposible, presagiaba un triste final para una carrera en impecable ascenso hasta entonces. El detective, dando por zanjado el asunto, imitó el último gesto en vida de la víctima, apuntando con el índice derecho a su propia sien, mientras murmuraba con desgana algo sobre una retirada a tiempo. Desde el portarretratos, el tenista parecía implorarle mientras golpeaba la bola con la raqueta en su mano izquierda.

lunes, 14 de mayo de 2012

Vivir otras vidas


Vacía y llena a la vez, así me siento ahora, cuando esta historia llega al punto final. Durante estas dos semanas he padecido y he disfrutado a tu lado, he conocido hasta tus más íntimos pensamientos, angustiándome  al sentir tu desconsuelo, sintiéndome tan cerca de ti y sin poder ofrecerte una palabra de aliento. Si hubieras sido mía, tu vida habría sido diferente, no te habría dejado sufrir tanto. Ahora que todo acabó, he de confesar que he llorado; no sé si de emoción o de alivio, pero en el punto final, al cerrar el libro, lloré.



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Ilustración de Loreto delgado